No es juicio.
Es control.
Por eso no lo puedes soltar.
Crees que estás juzgando.
Crees que el problema es lo que piensas de esa persona.
Entonces intentas dejar de hacerlo.
Dejar de juzgar.
Ser más consciente.
Callarte.
Y funciona… un rato.
Hasta que vuelve.
Porque no es juicio.
Si lo fuera, sería un pensamiento y se iría.
Esto no se va.
Se repite.
Se acomoda.
Se corrige.
Lo vuelves a ver.
Lo vuelves a explicar.
Le agregas lo que faltó decir.
Como si todavía hubiera algo que cambiar.
Eso no es juzgar.
Es intentar controlar algo
que ya pasó
y que no depende de ti.
Por eso no lo logras.
Porque estás intentando dejar de juzgar
cuando en realidad estás intentando
soltar el control.
Y eso es distinto.
El juicio es un pensamiento.
El control es no aceptar
que no puedes cambiar lo que estás viendo.
Mientras sigas creyendo que es juicio,
lo vas a intentar corregir.
Y vas a fallar.
Porque no estás fallando en dejar de juzgar.
Estás evitando aceptar
que no tienes control ahí.
Y mientras no aceptes eso…
no importa cuánto te calles,
cuánto te observes,
cuánto te corrijas.
Va a volver.
No porque juzgues.
Porque no has soltado.
Y no has soltado…
porque en el fondo
no quieres aceptar
que no tienes control ahí.
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