No te estás volviendo amargada.
Te estás quedando sin con quién conectar.
Abres algo real en una conversación.
Y sin aviso — alguien cambia de tema.
No hacia un conflicto.
Hacia algo peor:
lo irrelevante.
Lo que estaba pasando
se borra.
No es que nadie te escuche.
Es que dejamos de escucharnos.
Aprendimos que ir profundo no sostiene nada.
Que para seguir en la conversación,
hay que aligerar.
Cambiar de tema.
Bromear.
Hablar de otros.
Encajar.
Y lo hacemos sin darnos cuenta.
Interrumpimos.
No preguntamos de regreso.
Cuando algo se pone real — lo borramos.
No por maldad.
Porque no sabemos sostenerlo.
Y eso tiene un efecto.
Lo importante deja de aparecer.
No porque no exista,
porque no tiene dónde quedarse.
Hasta que un día ya no conectas.
No por falta de capacidad,
sino porque olvidaste cómo.

Deja un comentario