No estás trabajando en ti.

Pensarlo no es trabajar en ti.
Es la forma más elegante de no hacer nada.

Vas a terapia.
Lo hablas.
Lo entiendes.
Le das vueltas.
Lo nombras distinto.
Lo explicas cada vez mejor.

Y aún así… nada cambia.

Sigues en la misma relación.
En el mismo trabajo.
En el mismo lugar.
Solo que ahora lo puedes justificar.

Hablarlo se siente como avance.
Te da claridad.
Te hace sentir que estás haciendo algo.

Pero no estás haciendo nada.

Mientras más piensas, menos actúas.

Porque pensar también puede ser una forma de evitar.

Evitar decidir.
Evitar incomodar.
Evitar moverte.

No estás perdido:

Sabes que esa relación ya no es para ti.
Sabes que ese lugar no te hace bien.
Sabes lo que tendrías que hacer.

Pero en lugar de hacerlo…
lo sigues procesando.

Y eso también tiene recompensa:

Te da tiempo.
Te da control.
Te permite no perder nada todavía.

Puedes quedarte donde estás…
mientras dices que estás trabajando en ti.

Yo también lo hice.

No era proceso.
Era miedo.

Pero no solo a cambiar.

A perder lo que tienes.

A soltar lo que ya sabes que no es para ti.

Puedes quedarte ahí.
Con una explicación.

Pero no estás trabajando en ti.

Estás sosteniendo una decisión que no quieres tomar.

.

Si pensaste en alguien al leer esto, envíaselo.

Enviar por WhatsApp

Deja un comentario